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Hipoteca inversa: ¿misión imposible con la crisis inmobiliaria?

La hipoteca inversa es un producto relativamente nuevo en el mercado español y está regulado por la Ley 41/2007 de regulación del Mercado Hipotecario. Se trata de una hipoteca que actúa como complemento económico a la jubilación y que permite obtener una renta estableciendo la vivienda habitual como garantía de pago.

En este sentido, la hipoteca inversa es como un préstamo personal contra el valor de la vivienda sólo que en condiciones mucho más favorables y que en lugar de entregar el dinero en un sólo pago lo difiere en mensualidades como si se tratase de una paga. Además, el banco no exigirá la devolución del dinero hasta que la vivienda se venda o su propietario (o beneficiario del préstamo) fallezca. En ese momento sus herederos podrán devolver el dinero que se ha prestado y ‘recomprar’ la casa o hacer efectivo el resto del préstamo.

Hasta hace poco la hipoteca inversa se había convertido en una buena fórmula para sacar un rendimiento real al patrimonio, sobre todo teniendo en cuenta que la casa supone casi el 80% del total de los bienes de los españoles. Así, los que contrataban este producto obtenían una renta adicional a su jubilación sin perder ese bien, además de lograr interesantes beneficios fiscales.

La crisis del sector inmobiliario, empeorada por las restricciones de crédito en bancos y cajas de ahorro amenazan ahora a las hipotecas inversas. Y es que las entidades financieras se están mostrando especialmente reacias a prestar dinero, sobre todo para fines inmobiliario, y cuando lo hacen las condiciones no son precisamente las mejores. Hay que tener en cuenta que al fallecimiento del beneficiario sus hijos pueden solicitar al acreedor, es decir, el banco que ejercite la garantía para recibir la parte del préstamo que resta por entregar. Así, el banco tendría un nuevo inmueble en sus manos, algo de lo que actualmente está sobrado.

El otro gran problema para quienes firman una hipoteca inversa es la caída del precio de la vivienda, que reducirá fuertemente la cuantía total del préstamo.

¿Depósitos o cuentas remuneradas?

Aunque las cuentas no dejan de ser un depósito a la vista, existen diferencias entre lo que comúnmente entendemos como un depósito bancario y una cuenta remunerada. De hecho, tras librar una guerra a tumba abierta en el mercado de los depósitos, las entidades financieras han desplazado el lugar de batalla al ámbito de las cuentas remuneradas.

En un momento en el que conseguir un crédito se ha convertido en una tarea más que complicada, los bancos y cajas de ahorro tratan de hacerse con el llamado pasivo de los clientes. Es decir, el dinero que no está invertido en bolsa sino que se encuentra depositado en los bancos. Las principales diferencias entre los depósitos y las cuentas remuneradas radica en su rendimiento (beneficios) y en el plazo de la inversión.

En este sentido, las cuentas remuneradas son depósitos a la vista. Funcionan como una cuenta corriente de la que es posible retirar el dinero o realizar una transferencia en cualquier momento y sin necesidad de notificación previa. Por el contrario, los depósitos suelen estructurarse a plazo, lo que implica que existe un periodo de vencimiento previamente establecido que hay que respetar.

Al final, un depósito obliga al usuario a invertir una determinada cantidad durante un tiempo preestablecido sin posibilidad de tocar ese dinero. En caso de hacerlo, perdería el rendimiento generado por ese capital. Mientras, las cuentas remuneradas sí permiten disponer de ese dinero. En cualquier caso, ambas son dos opciones de ahorro conservadoras con rentabilidades seguras pero modestas.

La rentabilidad de los depósitos varía en función del tiempo de permanencia. Así, cuanto mayor es el periodo de permanencia mayor es la rentabilidad, que suele medirse según el TAE. Para los depósitos a un mes, también llamados de alta rentabilidad, puede oscilar entre un 10% y un 11%, en tanto que para los de tres meses al horquilla es del 7% al 6% y para los de seis meses entre el 5,5% y el 4,5%.

Por su parte, las cuentas remuneradas sólo ofrecen una rentabilidad interesante durante los primeros meses. Actualmente iBanesto e ING compiten por ofrecer la más rentable con un interés del 6% TAE durante los primeros cinco meses. El problema es que a partir de ese momento el rendimiento se reduce al 3% en el mejor de los casos. De todas formas, sigue siendo un buen lugar donde tener un dinero al que el cliente desea tener acceso inmediato, ya que este tipo de cuentas, generalmente online, no suelen cobrar comisiones. Lo malo es que en muchas ocasiones tampoco permiten la domiciliación de recibos o no emiten tarjetas de crédito.

Necesito dinero ¿cómo puedo conseguirlo?

¿Quien no se ha hecho esta pregunta alguna vez? Aunque todo el mundo tiene nociones de cómo funciona el mundo de los bancos, préstamos, créditos e hipotecas, a la hora de la verdad muy pocos saben realmente los pasos que deben seguir a la hora de acudir a su entidad financiera y salir con “sí, de acuerdo” como respuesta.

El error más común es acudir al banco o caja de referencia con los ‘deberes’ sin hacer. En un momento en el que las entidades están cortando el grifo del crédito y endureciendo de las condiciones de préstamo es imprescindible ir a pedir dinero suficientemente preparado. En este sentido, no sólo se trata de llevar la documentación necesaria, sino más bien de saber en qué situación exacta nos encontramos y por qué cantidad podremos negociar.

El trabajo previo consiste en primer lugar en informarse acerca de las ofertas del mercado: ¿cuáles son los mejores préstamos? ¿qué entidades ponen menos trabas? ¿cuánto dinero me pueden dar?. En realidad esto deberíamos hacerlo de todas formas antes de lanzarnos a un ‘tour’ sin sentido por las sucursales bancarias.

El segundo gran paso es comprobar nuestro historial crediticia y nuestra capacidad de endeudamiento. En cuanto a la situación crediticia sirve para comprobar si tenemos o hemos tenido otros créditos y sobre todo si hemos sido buenos pagadores. Cada usuario es consciente de cuándo ha dejado o no de abonar sus préstamos, pero conviene por lo menos hacer un repaso mental. De todas formas el banco ya lo hará por nosotros. En este punto también es interesante acudir a los registros de morosos como Asnef o RAI para comprobar si nuestro nombre aparece en ellos y en caso de que así sea tratar de que lo eliminen (siempre que no tengamos efectivamente una deuda pendiente).

En este punto hay ciertos elementos que pueden jugar a nuestro favor o en nuestra contra como los cambios laborales (no suelen gustar a los bancos), el tipo de contrato y tiempo de permanencia en la empresa (indefinido y si supera el año mejor) o el número de tarjetas de crédito que hay en nuestra cartera (demasiadas será una mala señal), entre otros.

Después habrá que comprobar cuánto dinero podemos pedir. La cantidad no va a depender tanto de nuestras necesidades reales como de la capacidad de endeudamiento. Esta viene dada por nuestros ingresos netos (ingresos totales menos gastos) y por nuestro patrimonio. En términos generales la cuota mensual de un crédito no debe superar el 35% de las ganancias netas (lo ideal es que se establezca entre un 20-25%), aunque esta puede ser algo mayor si existen bienes con los que avalar el préstamo (vivienda, coche, objetos de valor…) o un avalista detrás.

Por último, habrá que justificar para qué utilizaremos el dinero y repasar los principales conceptos de los que se compone un préstamo para poder negociar sin perdernos en la jerga financiera y saber qué puntos son importantes y negociables y cuáles no. Entre los gastos de un préstamo se encuentran la comisión de apertura, por cancelación o amortización parcial y total, gastos de demora y comisión de estudio.

Con estas ideas claras ya sólo resta acudir a la sucursal vestido para la ocasión para dar una buena imagen y tranquilamente exponer al asesor financiero nuestra propuesta. A partir de ahí entrarán en juego las habilidades de negociación de cada persona. Sin embargo, hay una serie de consejos que nunca está de más recordar como visitar primero nuestra sucursal de referencia y hacer uso de la confianza y relación que desde hace tiempo tenemos con ellos. Visitar varias oficinas y mostrar interés por involucrarnos en la entidad, así como tratar de presionar al asesor cuando sólo quedan unas pocas ofertas.

Dinero rápido, ¿cuáles son las opciones?

Saldar el vencimiento de una deuda, comprar una oferta puntual, imprevistos relacionados con la salud y, sobre todo, las vacaciones, son los motivos más comunes para necesitar ‘dinero rápido’. Aunque lo ideal es contar con un capital en el banco para este tipo de situaciones los elevados tipos de interés y el alto endeudamiento de muchas familias dificulta este tipo de acciones preventivas. Además, puede que incluso ahorrando el importe sobrepase nuestra previsión.

La primera opción para muchas personas en este tipo de situación es ‘tirar’ de tarjeta de crédito o pago aplazado. En el fondo es lo más cómodo, ya que dependiendo de la cantidad ni siquiera será necesario contactar con ningún banco o entidad financiera. La oferta es variada, pero hay que tener en cuenta que los intereses pueden rondar el 20% del capital prestado en el peor de los casos, muy por encima de la media de un préstamo personal. Además, puede que de nuevo su límite no alcance la cantidad que necesitamos y eso que en ocasiones supera hasta en dos y tres veces los ingresos mensuales.

La segunda opción más utilizada son los llamados créditos rápidos, a los que también se puede aplicar el calificativo de préstamos fáciles. Su mayor reclamo es que son capaces de dar una respuesta a la solicitud dentro de la misma llamada e ingresar el dinero en menos de 24 horas sin exigir demasiadas explicaciones ni papeleo. A esto hay que añadir unas cuotas mensuales relativamente bajas que los convierten en un producto asequible para la mayoría de consumidores.

Sin embargo, como ocurre con las tarjetas de crédito, hay que tener cuidado con este dinero rápido. Sus intereses pueden alcanzar el 25% TAE, más comisiones de cancelación o amortización total o parcial. Cofidis, Mediatis, Cetelem, Findirect son algunas de las compañías que ofrecen este tipo de prestamos, cuyas cuantías van desde los 750 euros hasta los 30.000 euros, aunque el ‘crédito tipo es más bien de 6.000 a 15.000 euros.

Estas dos opciones son las más rápidas, aunque también las más costosas y por eso siempre es conveniente tomarse por lo menos un día para explorar otros medios de conseguir ese capital. En este sentido una buena alternativa es recurrir a un préstamo de algún familiar o conocido. Dentro de este apartado de ‘allegados’ también es pedir a la empresa un anticipo de la nómina .

También se puede tratar de aplazar el pago aunque no por medio de la tarjeta de crédito (sólo si no cobra intereses) sino del establecimiento (en el caso de que se trate de un producto de consumo o servicio similar).

Por último, siempre se puede recurrir a las entidades financieras más tradicionales en busca de un préstamo personal o de una ampliación de la hipoteca, en caso de tenerla. El problema en estos casos suele ser el tiempo de respuesta (ya no estaríamos hablando de dinero rápido) y las condiciones que imponga, ya no tanto en cuanto intereses sino a las garantías que habremos de aportar. Hay que recordar que en los últimos meses bancos y cajas de ahorro han endurecido sus condiciones de crédito.

¿Cómo salir de un fichero de morosos?

Discrepancias con la factura del teléfono o con el pago de servicios que no se han cumplido pueden ser motivo para que la empresa contratante decida incluirnos en uno de los más ficheros de morosos que hay en España. Independientemente de que se trate de un motivo justo, lo cierto es que puede perjudicarnos gravemente a la hora de pedir un préstamo o conseguir una tarjeta de crédito. Y es que bancos y cajas de ahorro suelen denegar ciertos servicios a los clientes que aparecen en estos listados.

En España los más conocidos son los de la ASNEF, RAI y Experian, pero no son los únicos. En el caso del primero trabaja con datos de más de 350 empresas. Para poder salir de uno de estos ficheros primero debes conocer tus derechos y los motivos por los que te pueden incluir en uno. En este sentido se deben cumplir los siguientes requisitos:

    - Que exista una deuda cierta, vencida y exigible, que haya resultado impagada.

    - Que se le haya requerido de pago infructuosamente.

    - Que no exista prueba documental que aparentemente contradiga los requisitos anterior

Además, el titular del fichero debe notificar al interesado su inclusión en el mismo en un plazo de 30 días. En el caso contrario estaría incurriendo en una falta grave que puedes notificar a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). Esto se debe a que el deudor tiene derecho a conocer sus datos y poder reclamar su modificación o cancelación en caso de que no sean correctos.

La única forma de salir de los ficheros de morosos es cumpliendo con la deuda, demostrando que esta no existe, una vez ha concluido el plazo legal máximo de permanencia (establecido en seis años)… Uno de los problemas es que es el acreedor quien está obligado a comunicar la cancelación de la deuda en el plazo de una semana. A partir de ahí el interesado deberá acreditar la inexistencia de la deuda junto con una copia del DNI del interesado. El titular del fichero deberá responderle sobre la eliminación de sus datos en los diez días siguientes. Si pasado el plazo sigue sin repuesta lo mejor es presentar una reclamación en la AEPD.

Uno de los problemas derivados de haber estado en uno de estos ficheros es que algunos guardan datos de sus clientes a “saldo cero”o en estatus de “pagado”. Es decir, el cliente permanece en el fichero junto con el nombre del antiguo acreedor. Es una forma de reflejar que en su día esa persona no fue solvente. Sin embargo, esto no es legal, ya que no es posible mantener información adversa sobre el hecho de haber sido deudor y de hecho es motivo para reclamar una indemnización.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que no se pueden ceder datos personales sobre la solvencia de un individuo durante más de seis de años.

Depósitos referenciados y otras formas de invertir en materias primas

Desde principio de año las materias primas se han convertido en uno de los protagonistas del panorama internacional gracias a la subida de los precios de arroz y otros alimentos en primer lugar y al imparable rally que está experimentando el precio del petróleo.

Entre los diversos motivos de esta subida destaca el hecho de que cada vez más inversores (especialmente instituciones y gestores de fondo) utilizan las denominadas commodities como un instrumento para diversificar y cubrir sus carteras. En este sentido, se las materias primas son actualmente un nuevo mercado para los especulares. De hecho, el 70% del mercado del crudo en Nueva York ya está en manos de los especuladores.

Sin embargo, esto no quiere decir que los pequeños ahorradores e inversores no puedan sacar partido de estas subidas generalizadas que los expertos prevén que se mantengan durante el resto del año, especialmente en el caso del petróleo. Existen varias fórmulas y una de las más novedosas es la utilización del depósito de ahorro como vía de inversión en materias primas. Este tipo de productos funcionan referenciando su rentabilidad a determinadas materias primas.

En España todavía no existen demasiados productos de este estilo. Uno de ellos es el que ofrece Caixa Tarragona y que liga la inversión a cierto tipo de cereales. El funcionamiento es muy sencillo: como todo depósito garantiza el 100% y ofrece además una rentabilidad minina del 2% y máxima del 6% dependiendo de la revalorización de la soja, maíz y trigo. Aunque novedoso, la rentabilidad que ofrece no es excesiva teniendo en cuenta las dificultades para seguir la evolución de estos activos.

Además de este han surgido otros depósitos que por ejemplo buscan obtener rentabilidad del petróleo como el Brent Premier de Caixa Galicia, que está referenciado al barril Brent y garantiza el 100% de la inversión con un importe mínimo de 2.000 euros. En este caso la estructura es algo más complicada, ya que para cubrir eventuales caídas, el 50% del capital se establece como imposición fija a seis meses con un interés del 6,75% TAE y la otra mitad es la que se invierte a 12 meses refereciado al crudo.

Para los más arriesgados existen otras opciones a cargo de fondos de inversión especializados en materias primas y energía. En este caso, también se pueden diferenciar entre los fondos que invierten directamente en las materias primas y energía y aquellos que lo hacen a través de empresas que operan en el sector o que de alguna forma están presentes en la cadena productiva. De todas formas, aunque la rentabilidad puede ser mayor hay que tener en cuenta que el riesgo aumenta en igual medida y es posible perder buena parte del capital.

¿Cómo funcionan las hipotecas multidivisa?

El actual panorama crediticio está pasando factura a muchos inversores ligados a un préstamo hipotecario. Ya no sólo es que los bancos hayan endurecido las condiciones del crédito, sino que con las subidas del Euribor la cuota mensual se ha disparado en muchos casos hasta límites prácticamente insostenibles. Ante esta situación hay que ser imaginativo para encontrar soluciones que abaraten esa factura crediticia.

Algunas de estas soluciones pueden pasar por alargar el plazo de la hipoteca, subrogarla, préstamos entre particulares, reunificación de deuda… Las opciones son varias y una de las que está tomando fuerza en los últimos meses es la de contratar una hipoteca multidivisa o hipoteca en divisa. En líneas generales puede definirse como un préstamo que se contrata en una moneda diferente al euro. Sin embargo, conviene ir un poco más allá y explicar exactamente en qué consiste y cómo funciona.

Las hipotecas en divisas tratan de aprovechar los tipos de interés y la cotización de monedas que se prevé que pierdan valor frente al euro. En realidad, la casa se paga en euros, pero el préstamo contrata y se paga en otra divisa, que generalmente suelen ser yenes o francos suizos, aunque las opciones son tantas como monedas hay en el mundo. Al contratar la hipoteca en otra moneda, el interés ya no lo marca el Euribor, sino el Libor de esa moneda. En cierta forma es como pedir un préstamo con menos intereses.

Hay que tener en cuenta que las hipotecas multidivisas suponen un riesgo añadido sobre las hipotecas tradicionales. Y es que además de a las posibles subidas del índice de referencia, también están expuestas a los cambios de cotización de la moneda seleccionada. Así, si el Libor sube o baja también lo hará la cuota mensual (como ocurre con el euro) pero es que en este caso también variará si la divisa cambia su cotización, algo que ocurre a diario.

En este sentido, si la divisa elegida sube un 5% la deuda aumentará en 10.000 euros para una hipoteca de 200.000 euros en un sólo día. La mejor forma de verlo es con un ejemplo concreto. Su pongamos que contratamos una hipoteca en yenes por valor de 100.000 euros a un cambio euro yen de 150 (es decir, por cada euro recibimos 150 yenes). En este caso nuestra deuda sería de 15.000.000 yenes. Si la moneda japonesa se apreciase y subiese su valor, por ejemplo a los 125 yenes por euro, la deuda subiría y pasaríamos a deber 12.500.000 euros. Claro que también puede darse el caso contrario.

Además, como el pago al banco se hace en euros, la cuota mensual varía cada mes, lo que dificulta la planificación financiera. Para calcular esta cuota, donde además se incluyen diversas comisiones lo mejor es acudir a uno de los múltiples simuladores de hipotecas multidivisa que hay en internet.

¿Estoy obligado a contratar un seguro de vida con la hipoteca?

Una buena parte de las entidades bancarias, por no decir la mayoría incluye entre sus condiciones a la hora de conceder un préstamo hipotecario la contratación de una serie de seguros. En general, el número y clase varía en función de las condiciones del crédito, pero cuanto más favorables mayor es también el número de productos financieros a contratar.

Sin embargo, por más que los bancos traten de imponer sus condiciones, desde un punto de vista estrictamente legal el cliente sólo está obligado a contratar un seguro del hogar. Además, tampoco tiene por qué contratarlo con el banco o caja de ahorros que le concede la hipoteca, sino que puede hacerlo con cualquier otra entidad financiera o aseguradora.

Lo que ocurre en estos casos es que bancos y cajas de ahorro utilizan su posición de fuerza para obligar al cliente a firmar también un seguro de vida ligado a la hipoteca (lo que por otra parte es una buena medida) con sus propias aseguradoras. Al margen de que las condiciones generales de estos seguros pueden no ser las mejores (así suele ocurrir) el mayor problema viene dado porque se contratan bajo una prima única. Es decir, el cliente paga todo el importe del seguro de una sola vez y por adelantado. El funcionamiento suele ser el siguiente, el dinero que habría que pagar por el seguro durante la vida del préstamo se suma al de la hipoteca en el momento de firmarla. Así, por ejemplo, a un préstamo de 150.000 euros a 20 años habría que sumarle 12.000 euros de esta prima única, por lo que la cantidad real que el banco ha prestado es de 170.000 euros.

Esto suele hacerse como medida disuasoria en caso de que el cliente quiera cambiar el seguro de vida asociado a la hipoteca, algo a lo que por otra parte está en su derecho a no ser que en el contrato hipotecario se indique específicamente lo contrario.

Esta práctica (y otras similares) que llevan a cabo una buena parte de los bancos y que muchos clientes desconocen y otros consideran legal, ha llevado al Estado a crear un Registro Público de seguros de vida donde consten todos los productos que se contraten para evitar que los beneficiarios se queden sin cobrar por desconocimiento de la existencia del seguro.

Al margen de las presiones de los bancos, muchas veces conviene contratar este tipo de seguros para conseguir importantes rebajas en las condiciones generales del préstamo hipotecario, pero antes siempre conviene pedir toda la información referente al seguro. Además, estos seguros son una buena fórmula para protegerse de cualquier imprevisto.

¿Puede el banco obligarme a quedarme con su hipoteca?

Existen diferentes formas de cambiar de hipoteca, aunque actualmente las más utilizadas son la subrogación y la cancelación para constituir un nuevo crédito. La principal diferencia entre ambas es que con la primera simplemente cambia el acreedor, es decir, el banco o caja con el que está formalizada la hipoteca, y esto afecta decisivamente a las comisiones que habrá que pagar.

El proceso en estos casos consiste en acudir a otra entidad financiera, lograr una mejora de las condiciones hipotecarias y acudir después al banco donde tenemos la hipoteca con esta propuesta, que debe ser una oferta vinculante, para pedir la subrogación del crédito.

Lo que pocos usuarios saben o tiene en cuenta es que en los casos de subrogación, el banco tiene la opción de igualar las condiciones que ofrece la otra entidad para retener al cliente. Se conoce como el derecho a enervar y está recogido en la Ley 41/2007 de Regulación del Mercado Hipotecario. Según el texto, el banco cuenta con quince días para igualar la oferta presentada por al otra entidad, paralizar el proceso de subrogación y retener a su cliente, con el que realizaría una novación (modificación) de las condiciones del préstamo para adaptarlo a la nueva oferta.

En este sentido, la entidad sí que tendría derecho a retener forzosamente al usuario, pero por lo menos lo haría con una mejora sustancial de las condiciones. El mayor problema de este proceso es que puede alargarse en el tiempo si el banco decide ‘enervar’, además de que siempre puede reservarse la posibilidad de revisar las condiciones del crédito. De hecho, hay varios clientes que han comenzado a quejarse de las prácticas ‘coactivas’ de algunas entidades bancarias cuando solicitan la subrogación de su hipoteca.

¿Para qué necesito una tarjeta de crédito?

Es normal que en el momento de abrir una nueva cuenta en el banco o incluso de firmar una hipoteca se ofrezca-imponga la contratación de una tarjeta de crédito. En estos casos la pregunta que debes hacerte es ¿realmente necesito una tarjeta de crédito? ¿En qué casos puede serme útil? ¿No basta con una tarjeta de débito? Teniendo en cuenta que cada español guarda en su cartera una media de cuatro tarjetas la respuesta a la primera pregunta es clara, pero conviene ir un poco más allá.

Las tarjetas de crédito son, como su propio nombre indica, un instrumento para obtener crédito a través de una especie de préstamo. Su principal diferencia con las tarjetas de débito es que con éstas los pagos se cargan directamente y de forma inmediata a la cuenta bancaria, mientras que las en primeras este pago se aplaza durante un tiempo (generalmente un mes). En el fondo, es una forma de obtener un dinero que todavía no tenemos, es decir, de endeudarse, aunque también puede considerarse como un adelanto a un capital del que podremos disponer en poco tiempo.

Para la vida cotidiana no es necesario contar con una tarjeta de crédito, basta con la débito, que además suelen ser gratuitas y no tienen ningún tipo de cuota. Esta es, en el fondo, la mejor fórmula para controlar el gasto y no consumir por encima de nuestras posibilidades. Sin embargo, sí que es recomendable contar con una tarjeta de crédito dentro de la familia para determinado tipo de situaciones. En primer lugar, es un recurso para hacer frente a una eventual falta de liquidez en caso de emergencia (aunque luego los intereses sean muy superiores a los de un préstamo personal) y en segundo, existen una serie de servicios que sólo se pueden contratar con este tipo de tarjetas como el alquiler de coches o las reservas en algunos hoteles.

Además, también ofrece una serie de prestaciones adicionales como el seguro de viaje que hacen recomendable contar por lo menos con una tarjeta de crédito en casa. A esto hay que añadir otro tipo de promociones eventuales, programas de puntos, descuentos, etc que sirven para añadir atractivo a este producto. En estos casos el uso de la tarjeta de crédito puede servir para ahorrar, aunque por su naturaleza plantea al mismo tiempo un problema sobre el control del gasto.

En general, las situaciones en las que será estrictamente necesario el uso de la tarjeta de crédito son limitadas y, si bien conviene tener una en casa, también es recomendable ser ‘disciplinado’ a la hora de utilizarla. Si no tienes intención de endeudarte es mejor evitar la tentación, a no ser que seas capaz de utilizarla con rigor espartano’ y beneficiarte así de promociones de puntos e incluso de ese adelanto de crédito.

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