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¿Cómo salir de un fichero de morosos?

Discrepancias con la factura del teléfono o con el pago de servicios que no se han cumplido pueden ser motivo para que la empresa contratante decida incluirnos en uno de los más ficheros de morosos que hay en España. Independientemente de que se trate de un motivo justo, lo cierto es que puede perjudicarnos gravemente a la hora de pedir un préstamo o conseguir una tarjeta de crédito. Y es que bancos y cajas de ahorro suelen denegar ciertos servicios a los clientes que aparecen en estos listados.

En España los más conocidos son los de la ASNEF, RAI y Experian, pero no son los únicos. En el caso del primero trabaja con datos de más de 350 empresas. Para poder salir de uno de estos ficheros primero debes conocer tus derechos y los motivos por los que te pueden incluir en uno. En este sentido se deben cumplir los siguientes requisitos:

    - Que exista una deuda cierta, vencida y exigible, que haya resultado impagada.

    - Que se le haya requerido de pago infructuosamente.

    - Que no exista prueba documental que aparentemente contradiga los requisitos anterior

Además, el titular del fichero debe notificar al interesado su inclusión en el mismo en un plazo de 30 días. En el caso contrario estaría incurriendo en una falta grave que puedes notificar a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). Esto se debe a que el deudor tiene derecho a conocer sus datos y poder reclamar su modificación o cancelación en caso de que no sean correctos.

La única forma de salir de los ficheros de morosos es cumpliendo con la deuda, demostrando que esta no existe, una vez ha concluido el plazo legal máximo de permanencia (establecido en seis años)… Uno de los problemas es que es el acreedor quien está obligado a comunicar la cancelación de la deuda en el plazo de una semana. A partir de ahí el interesado deberá acreditar la inexistencia de la deuda junto con una copia del DNI del interesado. El titular del fichero deberá responderle sobre la eliminación de sus datos en los diez días siguientes. Si pasado el plazo sigue sin repuesta lo mejor es presentar una reclamación en la AEPD.

Uno de los problemas derivados de haber estado en uno de estos ficheros es que algunos guardan datos de sus clientes a “saldo cero”o en estatus de “pagado”. Es decir, el cliente permanece en el fichero junto con el nombre del antiguo acreedor. Es una forma de reflejar que en su día esa persona no fue solvente. Sin embargo, esto no es legal, ya que no es posible mantener información adversa sobre el hecho de haber sido deudor y de hecho es motivo para reclamar una indemnización.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que no se pueden ceder datos personales sobre la solvencia de un individuo durante más de seis de años.

Depósitos referenciados y otras formas de invertir en materias primas

Desde principio de año las materias primas se han convertido en uno de los protagonistas del panorama internacional gracias a la subida de los precios de arroz y otros alimentos en primer lugar y al imparable rally que está experimentando el precio del petróleo.

Entre los diversos motivos de esta subida destaca el hecho de que cada vez más inversores (especialmente instituciones y gestores de fondo) utilizan las denominadas commodities como un instrumento para diversificar y cubrir sus carteras. En este sentido, se las materias primas son actualmente un nuevo mercado para los especulares. De hecho, el 70% del mercado del crudo en Nueva York ya está en manos de los especuladores.

Sin embargo, esto no quiere decir que los pequeños ahorradores e inversores no puedan sacar partido de estas subidas generalizadas que los expertos prevén que se mantengan durante el resto del año, especialmente en el caso del petróleo. Existen varias fórmulas y una de las más novedosas es la utilización del depósito de ahorro como vía de inversión en materias primas. Este tipo de productos funcionan referenciando su rentabilidad a determinadas materias primas.

En España todavía no existen demasiados productos de este estilo. Uno de ellos es el que ofrece Caixa Tarragona y que liga la inversión a cierto tipo de cereales. El funcionamiento es muy sencillo: como todo depósito garantiza el 100% y ofrece además una rentabilidad minina del 2% y máxima del 6% dependiendo de la revalorización de la soja, maíz y trigo. Aunque novedoso, la rentabilidad que ofrece no es excesiva teniendo en cuenta las dificultades para seguir la evolución de estos activos.

Además de este han surgido otros depósitos que por ejemplo buscan obtener rentabilidad del petróleo como el Brent Premier de Caixa Galicia, que está referenciado al barril Brent y garantiza el 100% de la inversión con un importe mínimo de 2.000 euros. En este caso la estructura es algo más complicada, ya que para cubrir eventuales caídas, el 50% del capital se establece como imposición fija a seis meses con un interés del 6,75% TAE y la otra mitad es la que se invierte a 12 meses refereciado al crudo.

Para los más arriesgados existen otras opciones a cargo de fondos de inversión especializados en materias primas y energía. En este caso, también se pueden diferenciar entre los fondos que invierten directamente en las materias primas y energía y aquellos que lo hacen a través de empresas que operan en el sector o que de alguna forma están presentes en la cadena productiva. De todas formas, aunque la rentabilidad puede ser mayor hay que tener en cuenta que el riesgo aumenta en igual medida y es posible perder buena parte del capital.

¿Cómo funcionan las hipotecas multidivisa?

El actual panorama crediticio está pasando factura a muchos inversores ligados a un préstamo hipotecario. Ya no sólo es que los bancos hayan endurecido las condiciones del crédito, sino que con las subidas del Euribor la cuota mensual se ha disparado en muchos casos hasta límites prácticamente insostenibles. Ante esta situación hay que ser imaginativo para encontrar soluciones que abaraten esa factura crediticia.

Algunas de estas soluciones pueden pasar por alargar el plazo de la hipoteca, subrogarla, préstamos entre particulares, reunificación de deuda… Las opciones son varias y una de las que está tomando fuerza en los últimos meses es la de contratar una hipoteca multidivisa o hipoteca en divisa. En líneas generales puede definirse como un préstamo que se contrata en una moneda diferente al euro. Sin embargo, conviene ir un poco más allá y explicar exactamente en qué consiste y cómo funciona.

Las hipotecas en divisas tratan de aprovechar los tipos de interés y la cotización de monedas que se prevé que pierdan valor frente al euro. En realidad, la casa se paga en euros, pero el préstamo contrata y se paga en otra divisa, que generalmente suelen ser yenes o francos suizos, aunque las opciones son tantas como monedas hay en el mundo. Al contratar la hipoteca en otra moneda, el interés ya no lo marca el Euribor, sino el Libor de esa moneda. En cierta forma es como pedir un préstamo con menos intereses.

Hay que tener en cuenta que las hipotecas multidivisas suponen un riesgo añadido sobre las hipotecas tradicionales. Y es que además de a las posibles subidas del índice de referencia, también están expuestas a los cambios de cotización de la moneda seleccionada. Así, si el Libor sube o baja también lo hará la cuota mensual (como ocurre con el euro) pero es que en este caso también variará si la divisa cambia su cotización, algo que ocurre a diario.

En este sentido, si la divisa elegida sube un 5% la deuda aumentará en 10.000 euros para una hipoteca de 200.000 euros en un sólo día. La mejor forma de verlo es con un ejemplo concreto. Su pongamos que contratamos una hipoteca en yenes por valor de 100.000 euros a un cambio euro yen de 150 (es decir, por cada euro recibimos 150 yenes). En este caso nuestra deuda sería de 15.000.000 yenes. Si la moneda japonesa se apreciase y subiese su valor, por ejemplo a los 125 yenes por euro, la deuda subiría y pasaríamos a deber 12.500.000 euros. Claro que también puede darse el caso contrario.

Además, como el pago al banco se hace en euros, la cuota mensual varía cada mes, lo que dificulta la planificación financiera. Para calcular esta cuota, donde además se incluyen diversas comisiones lo mejor es acudir a uno de los múltiples simuladores de hipotecas multidivisa que hay en internet.

¿Estoy obligado a contratar un seguro de vida con la hipoteca?

Una buena parte de las entidades bancarias, por no decir la mayoría incluye entre sus condiciones a la hora de conceder un préstamo hipotecario la contratación de una serie de seguros. En general, el número y clase varía en función de las condiciones del crédito, pero cuanto más favorables mayor es también el número de productos financieros a contratar.

Sin embargo, por más que los bancos traten de imponer sus condiciones, desde un punto de vista estrictamente legal el cliente sólo está obligado a contratar un seguro del hogar. Además, tampoco tiene por qué contratarlo con el banco o caja de ahorros que le concede la hipoteca, sino que puede hacerlo con cualquier otra entidad financiera o aseguradora.

Lo que ocurre en estos casos es que bancos y cajas de ahorro utilizan su posición de fuerza para obligar al cliente a firmar también un seguro de vida ligado a la hipoteca (lo que por otra parte es una buena medida) con sus propias aseguradoras. Al margen de que las condiciones generales de estos seguros pueden no ser las mejores (así suele ocurrir) el mayor problema viene dado porque se contratan bajo una prima única. Es decir, el cliente paga todo el importe del seguro de una sola vez y por adelantado. El funcionamiento suele ser el siguiente, el dinero que habría que pagar por el seguro durante la vida del préstamo se suma al de la hipoteca en el momento de firmarla. Así, por ejemplo, a un préstamo de 150.000 euros a 20 años habría que sumarle 12.000 euros de esta prima única, por lo que la cantidad real que el banco ha prestado es de 170.000 euros.

Esto suele hacerse como medida disuasoria en caso de que el cliente quiera cambiar el seguro de vida asociado a la hipoteca, algo a lo que por otra parte está en su derecho a no ser que en el contrato hipotecario se indique específicamente lo contrario.

Esta práctica (y otras similares) que llevan a cabo una buena parte de los bancos y que muchos clientes desconocen y otros consideran legal, ha llevado al Estado a crear un Registro Público de seguros de vida donde consten todos los productos que se contraten para evitar que los beneficiarios se queden sin cobrar por desconocimiento de la existencia del seguro.

Al margen de las presiones de los bancos, muchas veces conviene contratar este tipo de seguros para conseguir importantes rebajas en las condiciones generales del préstamo hipotecario, pero antes siempre conviene pedir toda la información referente al seguro. Además, estos seguros son una buena fórmula para protegerse de cualquier imprevisto.

¿Puede el banco obligarme a quedarme con su hipoteca?

Existen diferentes formas de cambiar de hipoteca, aunque actualmente las más utilizadas son la subrogación y la cancelación para constituir un nuevo crédito. La principal diferencia entre ambas es que con la primera simplemente cambia el acreedor, es decir, el banco o caja con el que está formalizada la hipoteca, y esto afecta decisivamente a las comisiones que habrá que pagar.

El proceso en estos casos consiste en acudir a otra entidad financiera, lograr una mejora de las condiciones hipotecarias y acudir después al banco donde tenemos la hipoteca con esta propuesta, que debe ser una oferta vinculante, para pedir la subrogación del crédito.

Lo que pocos usuarios saben o tiene en cuenta es que en los casos de subrogación, el banco tiene la opción de igualar las condiciones que ofrece la otra entidad para retener al cliente. Se conoce como el derecho a enervar y está recogido en la Ley 41/2007 de Regulación del Mercado Hipotecario. Según el texto, el banco cuenta con quince días para igualar la oferta presentada por al otra entidad, paralizar el proceso de subrogación y retener a su cliente, con el que realizaría una novación (modificación) de las condiciones del préstamo para adaptarlo a la nueva oferta.

En este sentido, la entidad sí que tendría derecho a retener forzosamente al usuario, pero por lo menos lo haría con una mejora sustancial de las condiciones. El mayor problema de este proceso es que puede alargarse en el tiempo si el banco decide ‘enervar’, además de que siempre puede reservarse la posibilidad de revisar las condiciones del crédito. De hecho, hay varios clientes que han comenzado a quejarse de las prácticas ‘coactivas’ de algunas entidades bancarias cuando solicitan la subrogación de su hipoteca.

¿Para qué necesito una tarjeta de crédito?

Es normal que en el momento de abrir una nueva cuenta en el banco o incluso de firmar una hipoteca se ofrezca-imponga la contratación de una tarjeta de crédito. En estos casos la pregunta que debes hacerte es ¿realmente necesito una tarjeta de crédito? ¿En qué casos puede serme útil? ¿No basta con una tarjeta de débito? Teniendo en cuenta que cada español guarda en su cartera una media de cuatro tarjetas la respuesta a la primera pregunta es clara, pero conviene ir un poco más allá.

Las tarjetas de crédito son, como su propio nombre indica, un instrumento para obtener crédito a través de una especie de préstamo. Su principal diferencia con las tarjetas de débito es que con éstas los pagos se cargan directamente y de forma inmediata a la cuenta bancaria, mientras que las en primeras este pago se aplaza durante un tiempo (generalmente un mes). En el fondo, es una forma de obtener un dinero que todavía no tenemos, es decir, de endeudarse, aunque también puede considerarse como un adelanto a un capital del que podremos disponer en poco tiempo.

Para la vida cotidiana no es necesario contar con una tarjeta de crédito, basta con la débito, que además suelen ser gratuitas y no tienen ningún tipo de cuota. Esta es, en el fondo, la mejor fórmula para controlar el gasto y no consumir por encima de nuestras posibilidades. Sin embargo, sí que es recomendable contar con una tarjeta de crédito dentro de la familia para determinado tipo de situaciones. En primer lugar, es un recurso para hacer frente a una eventual falta de liquidez en caso de emergencia (aunque luego los intereses sean muy superiores a los de un préstamo personal) y en segundo, existen una serie de servicios que sólo se pueden contratar con este tipo de tarjetas como el alquiler de coches o las reservas en algunos hoteles.

Además, también ofrece una serie de prestaciones adicionales como el seguro de viaje que hacen recomendable contar por lo menos con una tarjeta de crédito en casa. A esto hay que añadir otro tipo de promociones eventuales, programas de puntos, descuentos, etc que sirven para añadir atractivo a este producto. En estos casos el uso de la tarjeta de crédito puede servir para ahorrar, aunque por su naturaleza plantea al mismo tiempo un problema sobre el control del gasto.

En general, las situaciones en las que será estrictamente necesario el uso de la tarjeta de crédito son limitadas y, si bien conviene tener una en casa, también es recomendable ser ‘disciplinado’ a la hora de utilizarla. Si no tienes intención de endeudarte es mejor evitar la tentación, a no ser que seas capaz de utilizarla con rigor espartano’ y beneficiarte así de promociones de puntos e incluso de ese adelanto de crédito.

¿Es el momento de invertir en depósitos?

La guerra por el pasivo que mantienen bancos y cajas de de ahorro como opción para buscar financiación ante la crisis de crédito también en el mercado interbancario está sirviendo para impulsar a productos que hasta hace poco estaban en un segundo plano. Se trata de los depósitos bancarios, una de las herramientas más tradicionales y recurrentes para los inversores más conservadores. Las turbulencias e incertidumbre que todavía reina en el mercado bursátil también están ayudando a que los depósitos vivan una pequeña etapa de bonanza.En este escenario los depósitos se han convertido en una de las estrellas de bancos y cajas de ahorro junto con las llamadas cuentas nómina. El objetivo de las entidades financieras no es otro que el de captar los ahorros de los pequeños inversores y en muchos casos robar clientes a la competencia. La oferta es de lo más variada aunque en términos generales cuanto mayor es el tipo de interés menor es la duración del depósito. En la actualidad existen diferentes tipos de depósito: Depósitos bancarios a plazo fijo en euros, depósitos en divisas y depósitos estructurados. El primero es la opción más tradicional. El cliente deja un dinero en el banco durante un periodo concreto y recibe un beneficio previamente pactado al final del mismo. El segundo es exactamente igual, sólo que se contrata en otra divisa y por lo tanto se asume un riesgo más, en este caso monetario. Por último, los depósitos estructurados, que están siendo unos de los más exitosos, presentan un diseño organizado en estructuras de derivados. Básicamente funciona igual que los anteriores sólo que en este caso la rentabilidad no está asegurada en su totalidad y suele supeditarse al cumplimiento de algunas condiciones, generalmente el desarrollo de un índice, cartera de valores, divisas o materias primas.

En cualquier caso ahora es un buen momento para ‘sacar tajada’ de esta guerra por el pasivo. Por una parte se puede lograr un rentabilidad razonable por una inversión sin ningún tipo de riesgo a la espera de que el panorama económico mejore y sea más seguro regresar al mercado bursátil para aquellos que operen en Bolsa o saltar a otro tipo de producto.

Los que mejores opciones ofrecen son los llamados depósitos de alta rentabilidad, que generalmente se ofrecen al plazo de un mes y muchas veces como parte de un programa de bienvenida a nuevos clientes. Entre ellos destaca el Depósito 1+1 de Bankinter que ofrece una rentabilidad del 11%. Como hemos recalcado anteriormente, cuanto mayor es el tiempo de contratación menor la rentabilidad TAE. De esta forma, para los depósitos a tres meses la mejor rentabilidad la ofrece Activo Plus de Activobank con un TAE del 7%, en tanto que para los depósitos a seis meses el que sobresale es Tudepósito Flexible a 6 Meses de Bancaja con un TAE del 5,12%.

También existen depósitos con un periodo de contratación mayor, pero pueden verse excesivamente afectados por el incremento del IPC. Por otra parte seis meses es un lapso temporal que puede venir bien a aquellos ahorradores con unos recursos limitados que no saben a ciencia cierta si necesitarán su dinero a corto plazo.

¿Es recomendable ampliar la hipoteca?

 Las subidas del Euribor han incrementado hasta en un 35% las cuotas mensuales que muchas familias tienen que pagar por sus hipotecas y muchas ya han empezado a pensar en fórmulas para aliviar su carga. La más común suele ser la de ampliar el plazo de la hipoteca, que en terminología legal se llama novación hipotecaria (cambiar alguna de las cláusulas de la hipoteca). La firma del acuerdo entre Gobierno, entidades financieras, notarios y registradores para la ampliación sin costes del plazo hipotecario de las familias más necesitadas está haciendo que muchas personas se planteen esta opción.

En concreto, el acuerdo elimina los costes de notaría y registro, así como las comisiones que habría que pagar al banco. Las entidades financieras calculan que la medida supone un ahorro superior a los 600 euros por familia, en tanto que desde el Ministerio de Economía y Hacienda cifran el ahorro en torno a los 350 euros, a los que habría que añadir los gastos de gestoría (otros 350 euros) que el usuario puede evitarse haciendo personalmente los trámites. De todas formas, la decisión final sobre conceder o no la ampliación hipotecaria corresponderá al banco, que deberá alcanzar un acuerdo con el cliente.

La medida estará en vigor durante los próximos dos años debido, entre otras cosas, a que sólo se trata de una solución coyuntural a los problemas de pago por parte de muchas familias españolas. De hecho, es necesario tener en cuenta distintos factores antes de alargar una hipoteca, algo que también han recalcado desde el Gobierno. Por eso han desarrollado una guía informativa donde se explica quienes podrán beneficiarse y el funcionamiento general de las ampliaciones hipotecarias.

Es necesario destacar que si bien alargar los plazos puede ser una solución para reducir los pagos mensuales, a la larga se terminará pagando una cantidad mayor, ya que los intereses siguen corriendo durante el periodo de ampliación. Así, el usuario termina pagando más intereses que con su crédito original.

Según datos de la Asociación Hipotecaria Española (AHE) alargar la hipoteca cinco años reduce cuota pero eleva un 13% el coste total. Así, para una hipoteca de 100.000 euros a 30 años el ahorro mensual en caso de alargarla cinco años sería de 30 euros, pero el importe que devolvería a la entidad aumentaría en casi 25.000 euros. Es decir, pasaría de pagar cerca de total de 190.000 euros (intereses incluidos) a 215.000 euros.

Como norma hay que tener en cuenta que cuando mayor sea la ampliación más se reducirá la cuota mensual, pero más crecerán también los intereses y por lo tanto la cuantía total del préstamo. Además, como precisa el Ministerio, en las hipotecas que ya tienen plazos largos la incidencia en la cuota mensual puede ser reducida.

En líneas generales, no es muy recomendable ampliar los plazos de la hipoteca a no ser que sea estrictamente necesario. Otra cosa es hacer lo mismo con el importe de la hipoteca para, por ejemplo, acometer reformas o comprar un coche. En estos supuestos sí puede resultar beneficioso porque el tipo de interés hipotecario suele ser menor que el de los préstamos personales.

Comprar dólares para el futuro

 La fortaleza del euro frente al dólar está llevando a muchos pequeños ahorradores a preguntarse cuál sería la mejor fórmula de sacar partido de esta situación. La respuesta más inmediata suele pasar por darse un capricho y aprovechar para visitar los Estados Unidos, donde además se puede renovar parte del vestuario a un precio asequible o conseguir la última tecnología a unos precios mucho más reducidos. Sin embargo, esta opción no es asequible para todos los bolsillos, ya que al tiempo que se ahorra también se incurre en un fuerte gasto.  Por eso existen otras opciones.

Otra de las primeras cosas que se pasa por la cabeza de cualquier persona es comprar dólares para venderlos cuando el billete verde se recupere o incluso utilizarlos más a largo plazo en una escapada al otro lado del Atlántico. El mayor inconveniente de esta estrategia son las comisiones que habrá que soportar en el proceso de compra-venta, además del ipc en caso de que la situación se alargue más de un año. Para evitar esa depreciación lo mejor es invertir ese capital en un depósito hasta que necesitemos el dinero o queramos hacer líquida la inversión. Una variante algo más refinada consistiría en abrir una cuenta en dólares y contratar un depósito en esa misma moneda.

En estos supuestos calcular las ganancias es algo sencillo. Si por ejemplo compras dólares al cambio de 1,5 (por cada euro recibes 1,5 dólares) y los vendes a 1,1 (por cada euro recibes 1,1 dólar) tu ganancia por dólar será la diferencia entre el cambio, es decir 40 céntimos por dólar.

Los ahorradores más arriesgados pueden invertir directamente en el mercado bursátil estadounidense, donde se beneficiarán del cambio y ‘abaratarán’ el precio de los acciones, aunque también es posible acudir a fondos de inversión especializados en ese país o a los monetarios.

La otra opción es acudir a la fuente, es decir, al mercado internacional de divisas, también llamado Forex o FX. En este caso no existen comisiones por operación, aunque sí un spread entre el precio de compra y el de venta. Como ocurre al invertir en Bolsa, lo más recomendable en estos casos es buscar un bróker de confianza con el que operar. En cualquier caso hay que tener en cuenta que este es un tipo de inversión destinada a inversores avanzados.

¿Cómo afecta el IPC a mis inversiones?

El Índice de Precios al Consumo (IPC) es un indicador económico que permite conocer la variación de los precios de un conjunto de bienes y servicios. En el fondo, la inflación mide el aumento del coste de la vida y es, hasta cierto punto, lo que determina el valor real del dinero durante en un periodo determinado.

Aunque no se trata de un dato directamente ligado a ningún producto financiero como pueden ser las distintas comisiones o las ganancias previstas, sí que es necesario tenerlo en cuenta a la hora de planificar la gestión del ahorro y la inversión en una herramienta en concreto.  En líneas generales, si una inversión no supera el IPC se puede decir que el usuario ha perdido dinero porque el capital vale menos que cuando se inició la operación. Es decir, con el mismo capital se puede ‘comprar’ menos cosas.

Supongamos que un inversor contrata 1.000 euros en un depósito a un año que le ofrece una rentabilidad del 5% TAE para todo el periodo. Una vez finalice el periodo habrá aumentado su capital hasta los 1.050 euros. Lo que ocurre es que durante el tiempo que ese dinero ha estado ‘aislado’ en el depósito el IPC ha subido a un ritmo del 4% (más o menos el que tiene España en la actualidad). Al final, lo que se prometían como ganancias del 5% se reducen al 1% tras restarle la inflación, es decir 1.010 euros. Evidentemente, este cálculo se realiza en base al poder adquisitivo de una persona y lo que le costará en general, mantener su nivel de vida.

Por eso, aunque no forma parte intrínseca del producto, la inflación es un dato muy a tener en cuenta a la hora de pensar en el beneficio neto que deseamos obtener, al igual que ocurre con los impuestos. De esta forma evitaremos sustos cuando veamos que la rentabilidad obtenida no era la que nosotros realmente pensábamos.

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