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Aprende a utilizar la tarjeta de crédito en las rebajas

Un año más llegan las rebajas y los españoles se gastarán una media de 95 euros cada uno durante este periodo según la Federación de Usuarios y Consumidores Independientes (FUCI). Esta cifra supone un descenso del 15% respecto al año anterior como resultado de la mala coyuntura económica.

Quien más quien menos terminará comprando algún artículo con fuertes descuentos y lo más posible es que ni siquiera lo necesite realmente. El escaso consumo registrado hasta ahora por la crisis y el mal tiempo hace que las tiendas tengan un exceso de stock del que deben deshacerse. La respuesta: rebajas que pueden alcanzar hasta el 70% en algunos casos.

Entre los consejos más comunes para afrontar este periodo se encuentran el hacer una lista previa con tus necesidades, no comprar por impulso y sobre todo, elaborar un presupuesto fijo. Es decir, poner una cantidad límite y no superarla bajo ninguna circunstancia. Lo peor es que el mayor obstáculo para lograrlo se encuentra en nuestra cartera y estamos tan acostumbrados a utilizarlo que a veces ni nos damos cuenta. Son las tarjetas de crédito. El truco está en aprender a utilizarla con cabeza y desterrar así el mito (aunque algo tienen también de verdad) de que el dinero en efectivo es mejor para controlar los gastos.

En este sentido, lo más seguro sería desterrar las tarjetas y salir de rebajas sin ellas, pero no hay que llegar tan lejos si sabes cómo hacer un buen uso de las mismas. La primera regla básica es que debes tratar a la tarjeta de crédito exactamente igual que al dinero en efectivo: marcar una cantidad máxima y no superarla bajo ningún concepto. El dinero de plástico puede ser especialmente útil durante las rebajas para acreditar una compra, ya que además del ticket recibirás el extracto bancario de la compra que realizaste. Este es otro medio para saber cuál ha sido realmente el gasto durante las rebajas.

De todas formas, también existen otra serie de recomendaciones de carácter más general que nunca hay que perder de vista. El consejo más esencial es el de pagar las cuotas pendientes en su fecha. Se trata de no cumplir con nuestras obligaciones y no dejar que se acumule deuda en la tarjeta, porque entonces entraríamos en la espiral del pago de intereses y los de las tarjetas de crédito no son precisamente bajos.

También debe vigilar el límite del crédito, que en ocasiones supera en dos o tres veces los ingresos mensuales. Hay que evitar llegar a estos extremos. Como cada español cuenta con una media de tres tarjetas en su cartera conviene transferir los saltos de las que tengan intereses más altos a las que tengan un interés menor, así como cancelar las primeras y hacer unas nuevas en caso de que sea necesario.

Declarase insolvente, una opción poco aconsejable para particulares

El pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la brutal subida del Euribor desde principios de año están colocando a muchas familias al borde de la quiebra. Cuando los ingresos no alcanzan a cubrir los gastos y la deuda empieza a acumularse existen varias opciones para tratar de ’salir del agujero’.

La primera opción para muchos pasa por seguir endeudándose. Es decir, un crédito para pagar otro crédito y así sucesivamente, cada uno de ellos en peores condiciones que el otro (créditos rápidos, préstamos entre particulares). Evidentemente, este no es un buen camino. La segunda alternativa consiste en negociar con el banco o caja de ahorros para que aplace o modifique las condiciones de nuestro crédito. En principio es la más recomendable, pero la entidad no siempre estará dispuesta a hacer caso a nuestras peticiones, sobre todo si ya acumulamos deudas en nuestra contra. De hecho, ni siquiera ahora están legalmente obligadas a alargar la vida de una hipoteca, sólo a estudiar el caso y mostrarse más permisivas. Evidentemente, también se puede acudir a otras entidades para reunificar deuda y buscar otros tipo de soluciones, pero éstas no siempre van a estar disponibles. Y mientras, la deuda sigue acumulándose.

Una última opción para evitar el embargo de los bienes y ganar algo de tiempo es acogerse al concurso de acreedores, que sustituye a la suspensión de pagos y la quiebra según la Ley Concursal de 2004. Aunque está principalmente pensada para empresas, las personas físicas también pueden acogerse a ella. Pero ¿para qué sirve un concurso de acreedores?

El concurso de acreedores es la última medida para evitar el embargo. En este sentido, paraliza las demandas interpuestas por falta de pago y la ejecución de los bienes que se estén tramitando. Es decir, congela la posibilidad de embargo hasta que finalice el proceso. Además, también interrumpe la acumulación de intereses en los casos de impago y permite reanudar los contratos de crédito interrumpidos por falta de pago. Adicionalmente, quienes la soliciten puede reducir su deuda hasta un 50% y conseguir un aplazamiento en el pago de hasta cinco años.

Sin embargo, es extremadamente difícil lograr los últimos puntos. Hay que tener en cuenta que la ley concursal es básicamente una negociación entre el deudor y los acreedores para un determinado tipo de deuda. En primer lugar hay que partir de una situación de solvencia acreditada y está más bien pensada para créditos din una garantía real, no como la hipoteca, donde la vivienda es la garantía que el banco tiene potestad de ejecutar sin esperar el año de embargo que permite el procedimiento concursal. Así, el proceso es más propicio para los préstamos personales y créditos al consumo.

Sin duda alguna lo peor es el coste que deben asumir quienes se declaren insolventes y acudan al concurso de acreedores: entre el 10% y el 15% del total de la deuda. Este dinero se utiliza para cubrir los gastos por el abogado y el papeleo.

En términos generales, la ley concursal no está hecha para los particulares y sólo es recomendable acogerse a ella en casos muy determinados como cuando se posee un patrimonio que supera con creces el valor de la deuda. Claro que siempre debe haber un motivo para la esperanza. Según indica la revista Consumer, en octubre de 2006 un matrimonio de Barcelona logró una reducción del 30% sobre sus deudas, que ascendían a 160.000 euros, de los cuales 50.000 correspondían a la hipoteca de su domicilio.

Los altos costes de este proceso y la posibilidad de que se alargue en el tiempo hasta un año hace que todavía pocas personas se declaren en quiebra. Sin embargo, el número está aumentando de forma alarmante en 20008. Durante el primer trimestre del año los hogares que han sido reclamados por sus deudores al no poder hacer frente a sus pagos aumentó un 230%, lo que supone 66 familias afectadas.

El seguro de vida o cómo ahorrar hasta 30.000 euros en la hipoteca

En teoría al contratar un préstamo hipotecario el cliente no está obligado a adquirir ningún otro tipo de producto a excepción del seguro de hogar (que puede contratarse con cualquier compañía). Sin embargo, se ha convertido en una práctica común entre la mayoría de bancos y cajas de ahorros el incluir una serie de productos adicionales asociados a esta hipoteca.

El cliente está en su derecho a rechazar el ofrecimiento de la entidad e intentar contratar exclusivamente la hipoteca, pero entonces se dará de bruces con unas condiciones leoninas. Y es que sólo hace falta mirar por encima el mercado para darse cuenta de que la mayoría de ofertas llevan aparejada algún tipo de seguro, cuenta, tarjeta… Muchas entidades se defienden alegando que no se tratan de imposiciones, sino simplemente de elementos que ayudan a mejorar las condiciones generales del crédito. Así, muchos usuarios terminan ‘tragando’ con estas exigencias.

Desde un punto de vista exclusivamente económico la idoneidad de contratar un seguro u otro dependerá de las características concretas del mismo y de la rebaja hipotecaria que lleve asociadas, aunque en términos generales las ofertas del banco no suelen ser rentables. Según las estimaciones de April Iberia, aunque la cuota mensual puede ser menor, el coste final se dispara una vez se le suma el importe del seguro. El ahorro se sitúa entre los 5.000 y los 30.000 euros en función de las condiciones del seguro.

Vicent de Meyer, director general de April Iberia explica que en muchos casos existe miedo a cambiar el seguro de vida ligado a la hipoteca a otra entidad por posibles represalias. Sin embargo, según sus datos, una pareja de 35 años con una hipoteca de 250.000 Euros a un plazo de 25 años puede ahorrarse 12.800 Euros, de los que 7.800 corresponden al hombre y 5.000 a la mujer, si dejan el seguro de vida del banco y se pasan a April Iberia.

Otro de los factores que más suele frenar a las hipotecados a cambiar su seguro de vida es el haber efectuado el pago de una prima única. A grandes rasgos esto supone que el cliente paga de una sola vez el total del coste del seguro. El problema es que este pago suele realizarse al constituirse la hipoteca y la cantidad a pagar, que puede rondar los 12.000 - 15.000 euros se añade al préstamo. Así, el cliente adelanta ese dinero y cuenta con un plan que le indica el dinero que de otra forma tendría que ir aportando mes a mes.

En cualquier caso y excepto que en el contrato hipotecario figure lo contrario, el cliente siempre tiene derecho a cambiar su seguro de vida pasados los dos años y en el supuesto del pago de una prima única exigir que se le reintegre la parte de la prima cobrada por el banco que todavía no se ha devengado.

Una vez el cliente tiene claro que puede cambiar su seguro de vida ligado ala hipoteca sólo es cuestión de buscar la fórmula que mejor se adapte a sus necesidades y llevar a cabo los trámites necesarios. La principal ventaja de compañías como April Iberia es que también se encargan del papeleo, aunque al fin y al cabo sólo es cuestión de dedicar algo de tiempo al asunto. De hecho, puede incluso prescindir del seguro de vida ligado a la hipoteca, una opción poco recomendable, sobre todo cuando las cuantías del préstamo son altas y los medios escasos, pero eso, es otra historia.

Suben los tipos de interés de los depósitos, pero también la inflación

El objetivo mínimo para cualquier inversor a medio largo plazo es que su dinero logre, por lo menos igualar la inflación. De esta forma por lo menos habrá conseguido que su capital no pierda valor con el paso del tiempo. Sin embargo, algo que a priori parece relativamente sencillo no lo es tanto, sobre todo tras las subidas de IPC registradas en los últimos meses a las que hay que sumar nuevas alzas que dejarían la inflación para final de año en torno a un 3,5% según los expertos.

Pero este no es el único mal al que deben enfrentarse los pequeños ahorristas. Junto con el efecto del IPC también deben descontar del beneficio porcentual que que consigan el 18% que tendrán que pagar a Hacienda. De esta forma, 2008 se está destapando como un año complicado para sacar rentabilidades elevadas sin asumir riesgo, ya que la Bolsa puede ofrecer estos beneficios pero con un alto factor de riesgo, sobre todo con la coyuntura actual. El papel de refugio de la renta fija y productos más tradicionales como depósitos está así en entredicho.

Sin embargo no todo son malas noticias, ya que la tozudez del Banco Central Europeo en mantener los tipos de interés en el 4% y la posibilidad de que los suba antes verano han llevado a muchos bancos y cajas de ahorro a subir los tipos de interés de sus depósitos. Es lo que tiene la guerra por hacerse con el dinero de los inversores más conservadores.

De hecho, se puede decir que la avalancha de cambios ha sido generalizada. Entre los que han modificado sus depósitos o han lanzado nuevos depósitos para adaptarse a los cambios del mercado se encuentra Banco Sabadell, Bankinter, Barclays, banco pastos, Caixa Galicia, Uno-e y Caja Duero, entre otros.

Los cambios varían en función de la entidad y del plazo del depósito, aunque según Expansión el aumento puede alcanzar el 25% y el 66,6% en los casos más notables. Así, para los productos a nueve meses el 5,25% parece haberse convertido en el tipo de interés ‘oficial’, ya que es el más extendido entre bancos y cajas de ahorro. Además, quienes todavía no ofrecen esas condiciones están reformando su oferta rápidamente.

La gran pega es que muchos de estos ’superdepósitos’ a largo plazo son sólo para nuevos clientes, una moda importada del sector de la telefonía móvil que comienza a calar también en el ámbito financiero.

En cualquier caso, para quienes deseen ir más allá del simple TAE que ofrecen los bancos como información deben tener en cuenta que este dato responde a la rentabilidad anual del depósito. Es decir, lo que se ganaría por mantener el dinero todo un año, algo que no siempre es útil para los depósitos a corto-medio plazo. Por eso, lo mejor para saber qué rentabilidad obtendremos por nuestra inversión cada mes es dividir el TAE entre los 12 meses del año.

La crisis de crédito ya se nota: los bancos suben los tipos de interés de sus hipotecas

La crisis económica se está dejando notar en el mercado de crédito. El endurecimiento de las condiciones para conseguir un préstamo que desde hace tiempo vienen comentando diversos medios de comunicación ya es una realidad. Y no sólo se trata de buscar más avales o de incrementar los requisitos para conceder financiación. Ahora bancos y cajas de ahorros también han cambiado las condiciones a las que prestan dinero.

En el último mes diversas entidades bancarias han hecho efectiva esta restricción de crédito a través de una subida en los tipos de interés de las hipotecas. Esta medida se suma a una coyuntura económica desfavorable con el Euribor en máximos históricos y una más que posible subida de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo que encarecería todavía más el principal índice de referencia de los préstamos hipotecarios.

De esta forma, conseguir una hipoteca ya no sólo es más difícil, sino también más caro. Además de las alzas en los tipos de interés de las hipotecas y de los máximos del Euribor, los usuarios que quieran formalizar su hipoteca también tendrán que hacer frente a un aumento de la comisión de apertura. Según datos del Banco de España, las entidades financieras han elevado en mayo hasta un 2,61% de media esta comisión, a la que se suma el incremento hasta el 0,59% de la comisión de estudio. En total, abrir un préstamo hipotecario es un media de 551,94 euros más caro que hace un mes.

En cuanto a la lista de las entidades que han elevado los tipos de interés en sus hipotecas la lista es de lo más variada y completa:

  • Uno-e: ha elevado el diferencial sobre el Euribor de su Hipoteca Uno-e desde el 0.25 hasta el 0,29, mientras que también ha incrementado en algunos casos el tipo de interés de sus hipotecas a tipos fijos del 0,75% al 0,8%.
  • OpenBank: ha cambiado los tipos de su Hipoteca Open incrementando el tipo de interés durante los doce primeros meses de un 5,75% a un 5,95%. Además de subir el diferencial para el resto del préstamo del 0,39 al 0,59. También ha sufrido cambios la Hipoteca cambio de casa, que aumenta el tipo de interés del periodo inicial del 5,75% al 6% y el diferencial sobre el Euribor del 0,48 al 0,59. A esto hay que añadir la retirada de su oferta para la compra de una segunda vivienda.
  • ING Direct: la que hasta ahora era una de las mejores ofertas del mercado cambia la cara de su Hipoteca Naranja. Las variaciones se reflejan en un aumento del diferencial sobre Euribor del 0,45 al 0,55 tanto para su Hipoteca Naranja como la Hipoteca Naranja Subrogación.
  • Oficinadirecta.com: ha aumentado el primer tamo inicial del de interés fijo para el primer semestre de vida en toda su gama de hipotecas, llevándolo de 4.75% al 4.95% actual.
  • Bankinter: ha modificado el interés de todos sus productos hipotecarios, elevando los tipos en el primer tramo anual desde el 5,10% hasta el 5,45% actual, y para el resto del plazo de las hipotecas sube el diferencial sobre el Euribor de un 0,35 hasta un 0,45.
  • ActivoBank modificó el diferencial sobre el Euribor de su Hipoteca Activa (del 0.30% al 0.40%) y su Hipoteca Activa Plus (del 0.22% al 0.30%).
  • Santander: el grupo no sólo ha cambiado las condiciones hipotecarias en su filial online, sino que también ha variado las suyas propias. De esta forma, en las diferentes hipotecas a tipo de interés fijo se ha modificado este dato de la siguiente forma: para las de 12 años ha pasado del 5,9% al 6,15%, en las de 15 años ha pasado del 6,2% al 6,7% y en la de 20 años del 6,5% al 7,1%. Además, ha elevado los tipos de interés fijo del primer tramo anual del Supercrédito en sus diferentes modalidades.
  • CAM: ha acometido cambios en la Hipoteca Bienvenida, cuyo interés fijo del tramo inicial semestral pasa del 5,14% al 5,3%. Además, ha añadido al crédito la contratación de un seguro de vida obligatorio y un plan de pensiones.
  • Sabadell Atlántico: en este caso las novedades llegan del lado de las hipotecas a tipo fijo, donde el tipo de interés crece en todas sus variantes. Es decir, la hipoteca a 12 años se ortorga con un interés del 6%, la de 15 el 6.10%, la de 20 el 6.20% y las 25 y 30 años el 6.25%.

A estos cambios hay que añadir la remodelación total de su oferta por parte de iBanesto tras el cambio de imagen y el lanzamiento de sus productos ‘blue’.

En general, se trata de una medida de protección por parte de los bancos ante el aumento de la morosidad en 2008. Como prestar dinero es cada vez más arriesgado hay que sacar más beneficio para cubrirse ante una eventual falta de pago, ya que lo último que quiere ahora un banco es tener que embargar un inmueble al que deberá buscar salida en un mercado inmobiliario muy complicado.

Los préstamos entre particulares llaman a la puerta de España

En un momento en que los bancos han cerrado el grifo crediticio y las subidas del Euribor se han convertido en el garrote vil de miles de hipotecados, los pequeños ahorradores agudizan el ingenio para encontrar otras vías de financiación. En este caso no se trata de los dudosos créditos rápidos, la unificación de deuda o de ampliar la hipoteca, sino de una tendencia que ya se ha extendido por Europa y Estados Unidos pero que todavía apenas ha puesto los pies en España: los préstamos personales entre particulares o personas físicas, desde un punto de vista estrictamente legal.

El funcionamiento de estos préstamos entre particulares es relativamente sencillo. Sólo hay que indicar en la página web concreta la cantidad, el motivo (en ocasiones), el plazo en que se desea devolver y el interés que se está dispuesto a pagar. A partir de ese momento el usuario irá recibiendo diferentes propuestas de los internaturas-prestamistas dispuestos a prestarle el dinero en esas condiciones. Se trata de una situación donde todo el mundo sale ganando: prestamista, prestatario y, por supuesto, intermediario.

En el caso del prestamista, obtiene un rendimiento de su dinero con unos rentabilidad superior a los que le daría cualquier banco por un depósito, por ejemplo. Por su parte, el prestatario, consigue su crédito a un interés mucho más bajo que el que le ofrecería una entidad financiera convencional y encima no tiene que hacer frente a ningún tipo de comisión. Por último, el intermediario, es decir, la página web que sirve para poner en contacto y de llevar a cabo un control del prestatario y de verificar la información que éste entrega, por lo que cobra una comisión.

Al final, estos sistemas tratan de aprovechar las posibilidades de interacción que ofrece la Red para saltarse a los intermediarios tradiciones que hasta ahora han dominado el negocio. Su funcionamiento tiene mucho que ver con el auge de las redes sociales en Internet, ya que en el fondo crean una comunidad de prestamistas alternativa.

Desde un punto de vista legal, en España todavía no existe ninguna normativa concreta para regular este tipo de préstamos. Generalmente suelen llevarse a cabo mediante un contrato privado en el que se plasman condiciones y que también sirve para acreditar la existencia del préstamo, que por otra parte tiene una serie de implicaciones fiscales.

De momento tampoco hay ninguna compañía española que se dedique exclusivamente a la concesión de este tipo de préstamos. Lo más parecido PartiZipa.com, una página que sirve de punto de reunión para emprendedores y que cuenta con una sección en la que se puede pedir financiación para proyectos siempre empresariales.

Sin embargo, sí que han surgido algunos grupos de particulares que ofrecen créditos, aunque con unas condiciones cerradas, no negociables y que en realidad nada tienen que ver con el espíritu de ‘altruista’ de los prestamos entre particulares que estamos comentando. Este es el caso de Particularmente.com, que presta 12.000 euros o 6.000 euros a devolver en un plazo de 30 días con un alto tipo de interés (de hecho hay que reembolsar 17.000 y 8.500 euros respectivamente).

Zopa.com, pionero en este campo, y Prosper.com son los dos principales actores en este recién creado mercado de los préstamos personales. El primero opera en cinco países y cuenta con una base de datos de más de 200.000 usuarios, lo que da una muestra del auge que está adquiriendo este negocio.

Oficinas bancarias: ¿asesoramiento financiero o venta de productos?

Pese al aumento de la banca online, que ya cuenta con cerca de siete millones de usuarios, España sigue siendo un país dominado por sucursales. De hecho, el sistema financiero nacional cuenta con una de las redes de oficinas más amplia de todo el mundo (prácticamente alcanza a una por cada 1.000 habitantes) y algo parecido ocurre en el caso de los cajeros automáticos. En general los españoles somos esquivos ante el nuevo modelo de negocio que se impone en el resto del mundo para recudir el número de visitas a la sucursal. En este sentido, son muchos los que prefieren el trato personal en ventanilla antes que la ‘fría’ pantalla del ordenador o del cajero automático.

Sin embargo, desde las entidades bancarias son conscientes de que las nuevas generaciones, más acostumbradas a las nuevas tecnologías y al uso de internet pueden invertir esta tendencia, a lo que sin duda también ayudaría una sociedad cada vez más acelerada donde el tiempo es oro y el arcaico horario de las propias oficinas de bancos y cajas de ahorro. Por eso, están tratando de ‘maximizar’ la experiencia del cliente cada vez que éste les visite mejorando, en teoría, la calidad de su asesoramiento financiero y ofreciendo un nuevo concepto de oficina bancaria. Se trata de hacer de estos locales un lugar menos frío y más ‘apetecible’ para los usuarios.

Todo vale y así en Estados Unidos es posible encontrar entidades con cómodos sofás donde sirven café y el usuario puede incluso conectarse a interne. En el Reino Unido ING cuenta con los ING Direct Café, un lugar más ‘apacible’ para que sus cliente y otros usuarios estén más a gusto en sus visitas al banco. Incluso Abbey, filial de Santander, se ha ‘tirado a la piscina’ con el invento y ha firmado un acuerdo con Costa Café para combinar banca y relax. Lo que todavía no sabemos es si decidirá exportar la idea a España. Quien de momento sí lo ha hecho es BBVA, que cuenta con una oficina en María de Molina donde también hay un establecimiento de Juan Valdés que sirve café, repostería, zumos… y que combina con Wi-fi gratuito.

Al final, de lo que se trata es de atraer al cliente al banco, pero de una forma diferente de la habitual, para allí asesorarle financieramente. Sin embargo, lo que hay que plantearse en este punto es ¿en qué medida actúan las sucursales como asesoras y no como comerciales? Seguro que quien más quien menos puede recordar alguna anécdota en la que su asesor le recomendó una inversión en un determinado producto sin haberlo solicitado. En el fondo esto obedece a que las sucursales de los bancos no dejan de ser sus oficinas comerciales, es decir, sus tiendas, el único lugar donde tienen un trato directo con el cliente y pueden tratar de ‘guiarle’ en sus ahorros según las directrices del banco y los intereses de la propia oficina.

El cambio en las recomendaciones de inversión a raíz de la crisis de crédito es el mejor ejemplo. Donde antes aconsejaban fondos de inversión ahora recomiendan depósitos, entre otras cosas, porque así el banco lograr aumentar su liquidez. Lo mismo ocurre a la hora de negociar créditos hipotecarios y otro tipo de préstamos. El tipo de interés final dependerá en gran medida de la situación concreta de la sucursal, ya que trabajan con unos porcentajes sobre las operaciones que deben cumplir. En este sentido, no hay que perder nunca de vista el componente comercial de muchos de estos ‘asesores’ financieros, incluso si se trata de nuestra oficina ‘de toda la vida’.

En situaciones por el desconocimiento del propio ahorrador y en otras por abuso de confianza, es posible que no siempre nos ofrezcan la mejor opción. Por eso, antes de contratar cualquier producto, incluso en la oficina de toda la vida, conviene buscar segundas opiniones e incluso visitar otras sucursales del mismo banco (además de las de la competencia). Es muy posible que se lleve una desagradable sorpresa.

Unificación de deuda: ¿ángel o demonio?

La subida del Euribor y el aumento del coste de la vida vía inflación están poniendo en una situación delicada a muchas familias españolas que ven como su factura hipotecaria ha crecido desmesuradamente en lo que va de año. A esto hay que añadir el endurecimiento de las condiciones crediticias por parte de la gran mayoría de bancos y cajas de ahorro. Llegados a este punto muchos pequeños ahorradores ven en los créditos rápidos y tarjetas de crédito una escapatoria a sus problemas (en muchos casos no es más que una huida hacia adelante), mientras que otros apelan a una ampliación del plazo de la hipoteca o de la propia hipoteca. Existen varias salidas para evitar el impago o salir de las listas de morosos y una de las que más éxito ha tenido en los últimos años es la reunificación de préstamos.

Según un estudio de la Agencia Negociadora de Productos Bancarios el 52% de los españoles hipotecados está sopesando la posibilidad de unificar sus deudas para reducir la cuantía que paga mensualmente no sólo por su hipoteca sino también por otros préstamos personales y créditos al consumo. Esto supone un importante aumento de 20 puntos respecto a 2007 y pone de manifiesto las dificultades de las familias españolas para hacer frente a sus deudas. En este sentido hay que apuntar que la unificación no es una mala opción en sí misma, todo dependerá de las circunstancias personales del ahorrador y de las condiciones que consiga negociar. Lo que sí es necesario es saber cómo funciona, sus ventajas y desventajas generales. Básicamente, informarse antes de firmar o contratar cualquier tipo de producto financiero.

Lo primero que todo ahorrador debe tener claro es cómo funciona la unificación de créditos y cómo consiguen reducir las cuotas mensuales. El procedimiento general es sencillo, se cancelan los préstamos del cliente, que pasan a unificarse bajo el préstamo de la hipoteca. Es decir, se amplia el importe de la hipoteca para hacer frente al resto de deudas y beneficiarse así de las mejores condiciones de este tipo de préstamos. Al mismo tiempo, también suele ampliarse el plazo de pago. Resumiendo y simplificando al máximo la operativa, consiste en pagar menos cada mes a cambio de hacerlo durante más tiempo, es decir, asumir un mayor pago de intereses a largo plazo.

Buena parte de la rentabilidad de esta acción dependerá de las condiciones que se obtengan en la negociación con la entidad seleccionada. Los intereses totales una vez unificadas las deudas siempre serán menores, pero esto se ‘compensará’ por un periodo de amortización más amplio. A esto hay que añadir los costes derivados de el proceso de cancelación y contratación. Así, habrá que hacer frente al pago de las comisiones por cancelación (suelen situarse entre el 1,5 y el 3% del capital), la de contratación (entre el 0% y el 1,5%) y la comisión de intermediación (hasta el 7% en los peores casos). Además, en ocasiones también habrá que sumar gastos de tasación del inmueble.

Todos estos gastos son precisamente lo que obligan a tomar precauciones e informarse antes de firmar la unificación de la deuda. En cualquier caso, como mencionaba anteriormente, no es una opción desdeñable. En primer lugar permite acceder a las mejores opciones del mercado sin tener que limitarse a un sólo banco y, sobre todo, ofrece la oportunidad de personalizar los pagos mensuales. Eso sí, siempre debe de ser la última opción y hay que pedir toda la documentación y un desglose detallado de todos los gastos. Y es que las entidades que ofrecen estos servicios no suelen estar sujetas al control del Banco de España. Además, cuando la situación económica no es boyante hay que evitar volver a endeudarse. Y sobre todo saber que aumentarán las comisiones que habrá que pagar, así como el periodo de amortización, lo que al final supondrá pagar más por el mismo dinero.

Tarjetas de crédito o cómo perder dinero

En 2007 se contabilizaron un total de 940 millones de operaciones con tarjetas de crédito, un 423% más que en 2000, según datos del Obserbatorio de Medios de Pago con un importe medio por compra de 66,37 euros. En tanto las tarjetas de crédito se utilizaron un 294% en estos últimos siete años hasta alcanzar los 844 millones de rtansacciones con un coste medio de 47,71 euros. Estos datos sirven para ilustrar el terrible avance del sector en el nuevo milenio, algo que no debe extrañar teniendo en cuenta que cada español acumula una media de cuatro tarjetas en su cartera.

Todos estamos familiarizados con el uso del dinero de plástico, pero ¿realmente sabemos cómo funciona? La respuesta no está tan clara. En primer lugar conviene aclarar que existen dos tipos de tarjetas bancarias: de débito y de crédito. La diferencia es el modo en que se utiliza el dinero. Así, las primeras actúan directamente contra el dinero que el cliente tiene en su cuenta corriente. Es decir, sólo se puede gastar lo que hay en la cuenta bancaria y son las más utilizadas para sacar dinero de los cajeros o realizar pequeñas compras. Las segundas, como su propio nombre indica, sirven para financiar las compras. Su principal característica es que permiten gastar más dinero del disponible en la cuenta hasta un límite fijado por emisor.

Desde el punto de vista de la economía doméstica, el uso de las tarjetas de débito resulta prácticamente inofensivo: no podremos gastar lo que no tenemos y por lo tanto no podremos endeudarnos. No ocurre lo mismo con las tarjetas de crédito, que sí nos porporcionana la posibilidad de consumir por encima de nuestras posibilidades. En el fondo, no es más que un instrumento más para endeudarnos. Su funcionamiento básico es el siguiente: la entidad nos ‘presta’ un dinero durante un periodo de tiempo, generalmente a un mes vista, que luego retiran de nuestra cuenta cuando se alcanza ese periodo de liquidación. Si esta cuenta tiene fondos, perfecto, no hay comisiones, pero si sobrepasamos esos fondos o decidimos aplazar el pago, habrá pagar los intereses.

Sin embargo, también existentes diferentes modalidades de amortización. La más habitual es la del 100% del crédito dispuesto a mes vencido. Es decir, se paga todo lo prestado a final de mes. Otra posibilidad es establecer una candidad fija, lo que supone establecer el importe máximo que pagamos cada mes y la última es pagar un porcentaje sobre lo dispuesto. Al final, lo que hay que tener en cuenta es que si nos retrasamos en el pago o si simplemente financiamos una compra habrá que hacer frente a una serie de intereses por el dinero prestado. El desconocimiento por parte de muchos clientes de qué intereses tienen que pagar y qué tipo de comisiones se cobran es uno de los mayores problemas aparejados a contar con una tarjeta de crédtio

Y es que muchas personas utilizan de forma indistinta su tarjeta de crédito y de débito sin tener en cuenta que cada una tiene unos usos específicos. En el caso de las tarjetas de crédito conviene saber que existen una serie de comisiones por emisión y renovación, así como por disposición de efectivo en cajeros automáticos. De la misma forma suelen cobrar una cantidad fija en caso de reclamación y una cuota anual por mantenimiento. Estos costes aparejados hacen que tengamos que realizar un uso cuidadoso de las tarjetas de crédito.

Si bien es conveniente contar por lo menos con una tarjeta de crédito para afrontar algunas operaciones que no se pueden llevar a cabo con las de débito, tampoco es recomendable ir más allá y tener la media de cuatro con las que contamos los españoles. De hecho, los intereses que se paga al banco por el aplazamiento de los pagos son muy altos y en muchos casos las fechas de liquidación demasiado ajustadas a los días de cobro. Es decir, que si por ejemplo se liquidan en los cinco primeros días de mes y surge algún tipo de problema con la nómina, puedes encontrarte en un apuro. En cualquier caso, el mayor problema, como suele ocurrir casi siempre, es contar con un poder adquisitivo mayor al real.

El peligro de los créditos rápidos

 Ahora que llega el buen tiempo y comienzan la época de bodas, bautizos y comuniones proliferan también un tipo de productos financieros con los que conviene tener cuidado. Se trata de los créditos rápidos, también llamados préstamos fáciles, que ofrecen multitud de entidades financieras. Como su propio nombre indica, su principal ventaja radica que la velocidad con la que se tramiten, sin apenas papeleo, (los hay que en menos de 48 horas) y lo relativamente sencillo que es acceder a los mismos, dado que las condiciones de contratación son mucho menos estrictas que en los grandes bancos.

El importe de este tipo de créditos no suele ser excesivamente elevado y rara vez supera los 6.000 euros, en tanto que el periodo de devolución se puede ajustar hasta 60 meses en la mayoría de los casos. Para facilitar los trámites tampoco suelen incluir ningún tipo de comisión de apertura, lo que los hace especialmente atractivos para personas con problemas financieros o que en un momento dado necesitan una cantidad de dinero no demasiado alta para afrontar un imprevisto o poder darse un capricho. Su gran atractivo pasa por unas cuotas mensuales asequibles, lo que ha disparado su demanda en los últimos años para usos tan dispares como vacaciones o comuniones.

Sin embargo, en estos casos conviene aplicar el refranero popular porque al final ‘nadie da duros a cuatro pesetas’ y estos créditos no son una excepción. El ‘truco’ está en unos intereses que rondan el 20% TAE y pueden ser del 25% en los casos más extremos. A esto hay que sumar posibles comisiones de cancelación o amortización anticipada, como en cualquier otro préstamo personal. Las entidades suelen disfrazas los intereses con unas cuotas relativamente bajas y haciendo hincapié en que el interés mensual apenas alcanza el 2%.

Así, por ejemplo, el crédito Direct Cash de Cofidis, uno de los pioneros en el mercado español, presenta un TAE máximo del 24,51%. Así, quien pida 6.000 euros a pagar en 24 meses abonará terminará abonando 7.560 euros. El Préstamo Mediatis opera de forma similar y para la misma cantidad y plazo ofrece un TAE del 21,56% con cuotas mensuales de 304 euros, por lo que se terminan pagando 7.296 euros. Los intereses crecen de forma alarmante cuanto mayor es el plazo de pago y a 48 meses el total a pagar en Cofidis ya asciende a 9.168 euros. A estas cantidades hay que sumar en muchos casos los seguros de protección de amortización que tiene como objetivo proteger al banco en caso de cualquier eventualidad.

La primera recomendación para evitar sorpresas es leer bien la letra pequeña de este tipo de préstamos fáciles y ante cualquier duda pararse a meditar. En este sentido conviene dejar de lado el coste mensual del crédito y fijarse en la cuantía total, que es lo que nos servirá para hacernos una idea de lo que realmente pagamos en concepto de intereses. Es decir, fíjese en el tipo de interés nominal y en el TAE anual. Como a la hora de firmar cualquier préstamo, también conviene acudir en primer lugar a nuestra entidad habitual y barajar diferentes ofertas de otras entidades. En este sentido es muy importante no dejarse llevar por las agresivas campañas de publicidad que siempre rodean a los créditos rápidos ni por el ‘calentón’ del momento, algo contra lo que alertan distintas asociaciones de consumidores.

En líneas generales hay que tener cuidado con este tipo de créditos rápidos. Debemos tomarlos como una de las últimas opciones, ya que pueden terminar generando un problema de impago a largo plazo. Como alternativas en caso de necesidad se puede estudiar la ampliación del plazo o del importe hipotecario (siempre que sea posible), o a dejar descubiertos en la tarjeta de crédito, por poner dos ejemplos.

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