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Archivos del mes abril, 2009

El oro mantiene su atractivo

Parece que la crisis nos ha llevado a de nuevo a los tiempos del salvaje Oeste cuando se desató la fiebre del oro. Y es que una los inversores han vuelto a elegir al preciado metal como su activo refugio preferido en momentos de incertidumbre. Por eso durante los momentos de mayor caída de los mercados su valor llegó a superar los 1.000 dólares por onza, aunque ahora se encuentra por debajo de esa cota.

La recuperación de la bolsa a finales de marzo y principios de abril ha hecho caer el precio del oro en torno a un 11% desde sus máximos de febrero, pero todavía sigue siendo una inversión muy a tener en cuenta, sobre todo a medio plazo. Las razones son diversas, pero la primera es que el oro es una de las pocas inversiones que no depende de decisiones gubernamentales y sobre todo que no se devalúa tan fácilmente como los activos dinerarios. En una sola palabra, es una inversión universal que siempre ha funcionado, desde que comenzó el comercio propiamente dicho. Además, con la presentación de resultados empresariales del primer trimestre tan cerca es posible que vuelvan a producirse sorpresas negativas que afecten a las inversiones en bolsa.

Existen diferentes opciones para comprar oro al alcance del inversor medio. La primera y en la que piensa casi todo el mundo cuando se trata de invertir en oro es comprar físicamente el metal. Es decir, adquirir lingotes o monedas de oro de 24 kilates. El problema es que se trata de un producto que no comercializan los bancos, algo que sí ocurre con el resto de opciones. En España existen varias empresas que se dedican a la compra venta de oro, aunque OroDirect es una de las pocas que lo hace como inversión.

Los mercados o ‘spot’ más activos para la compra y entrega inmediata de oro es el de Londres, aunque India, Oriente Medio, China, Singapur, Turquía, Italia y Estados Unidos son también mercados importantes de comercio de oro físico. Aunque la compra de oro como inversión está exenta de IVA, la adquisición física del metal plantea varios inconvenientes que además se traducen en un aumento de gastos frente al resto de opciones. El primero es que el precio de cada lingote oscila entre los 6.000 y los 22.000 euros en función de su pureza y custodiar ese capital acarrea ciertos costes en materia de seguridad. A esto hay que añadir los gastos de transporte y mantenimiento.

La opción más recomendable para evitar sobresaltos y cubrirse ante el robo (en caso de querer lingotes físicos) es optar por los certificados de depósito sobre oro. En realidad sólo se trata de un papel que certifica que se es poseedor del oro, lo que elimina el gasto de transporte y mantenimiento, además de hacer su custodia algo más llevadera.

Pero para invertir en oro no es necesario comprar los lingotes. El mercado ofrece otras alternativas menos costosas y también más flexibles para la negociación inmediata. La primera es acudir a fondos de inversión tradicionales que inviertan en materias primas y una segunda variante pasa por los ETF, que de hecho suele ser la alternativa más habitual.

¿En qué ejercicio fiscal estamos?

Una de las dudas más repetidas ahora que se hacerca el momento de hacer la declaración de la renta es saber si se trata de la campaña 2008 o 2009. Esto es crucial a la hora de, por ejemplo, buscar información en internet o saber qué programas de ayuda de Hacienda son los que debemos utilizar.

En la actualidad nos encontramos en la Campaña de Renta 2008, ya que debemos rendir cuentas respecto al ejercicio fiscal del año pasado, es decir, 2008. Y es que la declaración de la renta se hace siempre ‘de un año para otro’, así que en 2009 hacemos la de 2008 y en 2010 haremos la de 2009. Tras aclarar este concepto en teoría tan simple desde Dinero Experto queremos facilitar a nuestros lectores el cumplimiento de sus obligaciones con la Agencia Tributaria, así que aquí dejamos algunos útiles enlaces.

¿Que es un aval bancario?

Hace poco más de un lustro, antes de la reciente etapa de crédito fácil, los avales eran una condición relativamente habitual para conceder una hipoteca o un préstamo de cuantía importante. Sin embargo, la facilidad para acceder a financiación ha hecho que muchos de los nuevos y futuros hipotecados desconozcan las funciones de un aval y su estructura. Sin embargo, la actual crisis del crédito y en endurecimiento de las condiciones por parte de bancos y cajas de ahorro pueden resucitarlos.

En cualquier caso lo primero que cabe preguntarse es ¿qué es un aval? Se trata de una forma de garantizar o asegurar el cumplimiento de una obligación económica a través del compromiso de un tercero, que es a quien se conoce como el avalista. De esta forma, quien avala se declara dispuesto a hacer frente a los compromisos que adquiere el avalado en caso de que este no lo haga.

En la actualidad se puede distinguir entre dos tipos de avales según quien y para qué lo entregue. El primero es el aval que exige una entidad financiera para conceder un préstamo o crédito. Hasta hace poco estos avales, en los que el banco figuraba como el beneficiario, eran relativamente habituales en los préstamos hipotecarios. Así, durante generaciones los padres han ejercido de avalistas de sus hijos para ayudarles en la compra de la casa.

El segundo tipo de aval puede utilizarse también para garantizar un préstamo, pero lo más normal es verlo en los alquileres de inmuebles. En este caso es el banco quien se ofrece a actuar como avalista del cliente en caso de que este no pague. Existen dos modalidades dentro del aval bancario: los avales técnicos, en los que la entidad responde en caso de incumplimiento en concursos, subastas o contratos de suministro; y los avales económicos, donde la entidad avala el pago de una cantidad en un plazo determinado como por ejemplo el alquiler de un piso.

En el caso del alquiler de un piso también se puede recurrir a lo que se conoce como un preaval, que según el Banco de España es “un documento en el que la entidad hace constar su disposición favorable, o bien su compromiso en firme (es muy distinto, y es importante que conozca qué es exactamente lo que dice), a concederle un aval”.

Los avales personales aplicados por ejemplo a una hipoteca son relativamente baratos. El banco evalúa la calidad de avalista y formaliza el aval. En el peor de los casos se requerirá al avalista que deje una cantidad fija depositada en el banco. Sin embargo, los costes se disparan cuando hablamos de un aval bancario y estarán directamente relacionados con la cuantía del aval. Como explica el Banco de España, en este caso no hay una comisión máxima por cada uno de los conceptos, por lo que conviene dejarlo todo atado de antemano. Las comisiones más habituales son:

Comisión de estudio: suele ser un porcentaje del importe solicitado que ronda el 0,5%.

Comisión de formalización o apertura: también suele ser un porcentaje de la cuantía que suele rondar el 0,75%

Comisión por riesgo: suele ser un porcentaje sobre el importe avalado que mide el riesgo que la entidad asume al actuar como avalista y que suele revisar de forma trimestral e incluso anual.

El Banco de España recoge las comisiones que cobran las entidades que operan en nuestro país.

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